Los urogallos de los montes de León suponen la población mas rara del mundo

| julio 16, 2010 | 0 Comments

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Un estudio llevado a cabo por la Universidad de León, que se inició en 2005, señala que la comunidad científica califica a los urogallos de los montes de León como la población mas rara del mundo.

El Teleno, montaña divinizada por los romanos (Mars Tilenus) no sólo tenía tesoros de oro en sus laderas sino que abrigaba otro tesoro científico: los urogallos (Tetrao urogallus) más raros y sureños del mundo, cuya existencia era desconocida por los científicos hasta el 2005.

Desde el sur de la Sierra de Gistredo a las faldas del Teleno, sobre una superficie de 3.000 kilómetros cuadrados sobreviven unos 40 urogallos adultos, en lo que forma “la población más rara del mundo, según la comunidad científica”, señala Manuel Antonio González, de la Universidad de León, que la investiga desde hace cinco años.

Los estudios de la Universidad de León se iniciaron en el 2005, con un proyecto de tesis doctoral, aunque luego ha surgido un grupo de investigación del departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental, que profundiza en el control de este reducto de valor especial.

“Los urogallos cantábricos ya son especiales por habitar en bosques caducifolios (hayas y abedules) mientras que el resto de los urogallos habita en ámbitos de coníferas; pero estos ejemplares de los Montes de León son además habitantes de un ecosistema mediterráneo, sobreviven en condiciones de mayor sequía y con una dieta alimentaria distinta”, afirma el experto.

El urogallo es un ave común en la Europa del Norte, donde es incluso especie cinegética; pero que se hace rara hacia el sur: “a medida que nos metemos en países mas desarrollados, las poblaciones sólo se mantienen en bosques apartados”, dice González.

Los urogallos de Pirineos y la Cordillera Cantábrica, viven ya en bosques que no son de coníferas, pero soportan fácilmente los inviernos: habitan en bosques eurosiberianos, fríos y húmedos, de abedulares y hayedos.

Pero las peculiaridades de estos 40 ejemplares detectados ahora, son mas inusuales porque habitan en bosques mediterráneos, de roble melojo, soportando al menos un mes de sequía estival.

Frente al urogallo de más al norte, amante de frutos de acebo y arándanos, este más sureño -el más meridional de Europa- ha adaptado sus hábitos alimenticios a la pardalina (jarilla) y a los robles melojos, de los que comen los brotes verdes y bellotas.

“Todo lo que descubrimos es nuevo, los estamos intentando conocer a fondo, porque aún no sabemos bien que hacen y como viven… aunque llevan ahí toda la vida, pero habían pasado desapercibidos para la comunidad científica”, sostiene el experto consultado por EFE.

El desconocimiento de su existencia ha sido una desdicha, porque las eólicas están penetrando en esta zona de altísimo valor ecológico, pero que no tiene tratamiento de LIC, ni ZEPA, ni de Parque Natural: “Hay un choque evidente entre los intereses de la conservación y los de las empresas de energías renovables”, observa.

Para Manuel Antonio González, la reproducción del ave es normal y esta constatada, aunque el número de cantaderos y zonas de nidificación no se conocen bien: “no hay que molestarlos porque esto impide su reproducción, y estamos hablando de una subespecie en peligro de extinción”, argumenta.

El experto rechaza plantar acebos o coníferas para potenciar el alimento de las aves: “El urogallo tiene comida de sobra y si está ahí es porque tiene también bosque suficiente para acogerlo; la condición para que vivan bien está ligada a la existencia de bosques, no a la alimentación; los recursos alimenticios no son el problema”.

Tampoco puede dar datos sobre estancamiento o retroceso de la subespecie: “porque estamos partiendo del desconocimiento de lo que existía; todos son datos son nuevos. Simplemente estamos empezando a conocer el número de gallos de la zona y su forma de vida”.

La tesis doctoral, iniciada en el 2005, estará finalizada en dos años, aunque el grupo de trabajo -cinco científicos dirigidos por el biólogo Francisco Purroy- ya ha empezado a elaborar algunas comunicaciones.

El trabajo se había iniciado como un estudio general de campo sobre el urogallo, pero a medida que avanzaba, se decidió profundizar en el conocimiento de esta zona en la que se detectó la población desconocida.

“La tesis terminará en dos años, pero el grupo de investigación debe continuar su tarea”, señaló Manuel Antonio González.

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